El eminente
físico y humanista Albert Einstein sostenía que “la imagen es más poderosa que
el conocimiento”. De forma que analizando un poco la certeza de esta oración se
podría inferir que: primero se puede saber todo, o casi todo, sobre el pasado
mediante un estudio sistemático, segundo se puede saber lo más posible del
presente, analizando las situaciones del día a día y, tercero el futuro es
incierto y solo lo podemos imaginar. De manera que, tratándose de la fortaleza
educativa de nuestras casas de estudio, estamos en la obligación de mejorar
continuamente, aplicando estrategias gerenciales, por ejemplo, que han dado
excelentes resultados en muchas organizaciones productoras de bienes y
servicios. Así podríamos, con los hechos actuales, minimizar la incertidumbre,
al proyectarnos (imaginarnos) el futuro educativo, en base a la mejora continua
de su calidad. Uno de los retos que deben afrontar las organizaciones
educativas a nivel superior, actualmente, es enseñar a nuestros estudiantes a
innovar, es un gran reto para la Universidad Latinoamericana, de tal manera que
se multiplique el impacto que podrían producir esos entes innovadores: nuestros
estudiantes y los estudiantes por venir. Los docentes debemos abocarnos a la
tarea de fomentar procesos creativos que, a su vez, sean capaces de producir
resultados innovadores. Debemos estar dispuestos, nosotros los docentes, los
docentes investigadores, y todo agente preocupado por la Educación Superior a:
a) Capacitarnos constantemente.
“Más de lo mismo” ya no sirve. El proceso innovador debe integrarse en la
cultura de la Universidad. No interpretarse como una actividad extracurricular.
Por ello, nosotros los docentes estamos en el deber de indagar sobre los nuevos
adelantos: científico-técnicos, económicos, sociales, humanísticos, ecológicos,
etc. Mejorar académicamente de cara a la excelencia universitaria.
b) Renunciar a nuestro orgullo
propio, en el sentido de no subestimar las propuestas de nuestros alumnos, aun
cuando pudieran ser triviales e, incluso, cambiarlas todos los días.
c) Propiciar en el aula la
diferencia entre “solo escuchar” y “participar”. En “solo escuchar” el
estudiante no manifiesta su talento. En “participar”, se expresa, se muestra
abiertamente, se interpreta, se modela, se propone la idea al grupo, el cual, a
su vez se encargará de evaluar: su certeza, factibilidad, aplicabilidad y,
puesta en práctica.
Todo esto proyectaría una mejora
directa en la calidad de la estructura de la educación poniendo en especial
contraste a nuestros estudiantes y los docentes quienes son los principales
factores para lograr una educación que vaya en consonancia con los diferentes
cambios que se van propiciando en nuestros actuales tiempos donde la
información se mueve de manera vertiginosa, rápida y todos estamos llamados a
evolucionar.
La labor
educativa en Latinoamérica, o en algunos de sus miembros, tiene profundas
dificultades para desarrollarse como verdadera profesión, tanto por la
formación misma que requiere el docente, como por todo lo relacionado con las
condiciones de trabajo. Así, es comprensible la deficiente formación del
profesorado, como también su limitada capacidad de negociación con los gobiernos,
con las comunidades que, a su vez, impide una relativa autonomía. Sin embargo
el fortalecimiento del proceso innovador, a pesar de los obstáculos anteriores,
es vital. De manera que, tratándose del cultivo de la innovación, como cultura
universitaria, es pertinente enumerar algunos pasos o sugerencias todo esto con
el fin de lograr resultados satisfactorios e innovadores. El docente crearía un
espacio, una atmósfera de estudios proclive al trabajo creativo y, en general,
una cultura creativa. Dicha atmósfera podría nombrarse también como “ambiente
motivador”, un clima que permita al educando hacerse “dueño” de lo que hace:
Propiciar la Autonomía
El estudiante debe sentir que
disfruta de libertad e independencia, para enfocar, conscientemente, todas sus
facultades hacia una propuesta innovadora. Se le debe enseñar, sin críticas ni
juicios de valor, de manera que de su propia inspiración brote la idea
innovadora.
Desarrollar el “Desprendimiento”
El estudiante debe sentir que su
“desprendimiento” es un paso muy importante. Debe sentir seguridad de que no
solo es tomado en cuenta, sino que su “soltura” siempre es considerada
importante, tanto por el docente, como por el grupo, equipo, sección.
Promover el Intercambio
Se puede correr el riesgo de
aniquilar una excelente propuesta innovadora y, que nunca tendría la
oportunidad de ser del dominio colectivo, que pudiese ser discutida, así como
mejorada. La interacción de las diferentes formas de pensamiento es fundamental
para el fortalecimiento de las estructuras educativas.
Fomentar la Colaboración
El proceso creativo hacia la
innovación, generado por el docente, debe ser contagioso, donde todos los
estudiantes tengan la oportunidad de compartir sus propuestas. El docente es el
principal elemento para crear un clima de cordialidad y de cooperación entre
los distintos estudiantes para de esta manera lograr el mejor resultado en la
búsqueda de mejorar los procesos educativos y por ende que los educandos logren
un interactuar sin complejos de competencia ni superioridad.
Por todo lo
anteriormente descrito vemos que la armadura que posee la educación está en
constante movimiento, evolución e innovación es por ello que los actores que
están inmersos en el proceso educativo están llamados a integrarse de manera
tal que puedan a través de ideas y pensamientos contribuir exponencialmente en
todo el periodo de actualización que puedan establecer resultados que acaben
siendo mejoras profesionales de los futuros egresados y en los que están
llamados a ser formadores en las diferentes áreas del conocimiento y el saber;
podemos definir que es el canal más directo para la productividad dentro de las
sociedades.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
DELGADO, Kenneth. “Evaluación y calidad de la
educación”. Editorial Delfín. Bogotá. 2003.
EVANS, James y LINDSAY, William. “Administración y
control de la calidad”. Editorial Cengage learning. 7ma edición. México. 2008.
FLAUM, Jonathan. “El pez de papel que aprendió a
nadar”. Grupo editorial Norma. Bogotá. 2007.
FERRER, Guillermo, VALVERDE, Gilbert y otros.
“Estándares educativos, evaluación y calidad de la educación”. Editorial
Delfín. Bogotá. 2002.